Estamos en Navidad, y seamos creyentes o no, lo cierto es
que nuestra vida se altera al llegar la Navidad.
- Los comercios se visten de gala y tienen la esperanza de levantar el año con sus ventas.
- Los niños toman vacaciones y sueñan con juegos, diversión y fantasía.
- Los adultos retomamos relaciones familiares y hacemos esfuerzos por conservar la armonía y la paz alrededor de una mesa de celebración.
- Las empresas ocupan parte de su tiempo en felicitar el año nuevo a sus clientes más fieles.
- La sociedad en general es más sensible a las cuestiones sociales y tienden a ser más generosos con los más necesitados en estas fechas.
- Es también época de “mirar atrás”, recordamos a nuestros muertos e incluso hacemos un balance de nuestro último año.
- Sentimos que un tiempo acaba para empezar algo nuevo con la esperanza de que sea siempre mejor que lo que dejamos atrás, etc.
Después de mi infancia, recuerdo el día que renació la
Navidad para mi. Mi hijo tenía 1 año y medio, y le bajé a la cabalgata de
Reyes, jamás olvidaré sus ojos… sorpresa, emoción, alegría, curiosidad,
incredulidad, … fue algo indescriptible que no pude compartir con nadie ese
día, estábamos solos.
Desde entonces, busco esos ojos, “ojos de Navidad”, en mis relaciones profesionales y puedo decir,
que tengo la inmensa suerte de poder verlos de nuevo en cada insight, en cada
triunfo, en cada reencuentro, en la superación del miedo, en cada sediento de
atención y cariño cuando se siente finalmente comprendido por alguien.
En la actualidad, prácticamente todas las Iglesias
cristianas históricas (Iglesia católica, Iglesia
ortodoxa, Comunión anglicana, diversas Iglesias
protestantes, etc.) otorgan a la solemnidad de la Natividad o
Navidad una importancia tal que se la antecede de un tiempo de preparación, el Adviento, de la
misma forma que la Cuaresma constituye el tiempo de preparación para la Pascua.
Quiero centrarme en una idea muy aprovechable de este último
párrafo (extraído de la wikipedia). La
existencia de dos etapas previas a la celebración: "Tiempo
de Preparación" y "Tiempo
de Esperanza".
Se me erizó el vello cuando se pasó el micrófono al auditorio
y contaron como sus proyectos no estaban exentos de riesgos, preparación y
esperanza, de trabajo y esfuerzo, y también de una enorme emoción ante los
resultados pese a la crisis. Se animaban unas a otras bajo el mensaje de “¡se
puede!, si confías en ti”.
Con todo mi amor, os deseo a todos y todas en estas fiestas
algo más que unas felices Navidades.
Deseo que vuestros “ojos” sean reflejo de satisfacción por
el trabajo realizado, de esperanza por alcanzar vuestras metas, de alegría por
el disfrute del camino, de energía renovada por el descanso y de inocencia por
lo que aún os queda dentro, del niño/a que fuísteis.
Sí inocencia digo, porque la utopia tiene algo de inocencia,
y sin cierto grado de utopía, según palabras de Anatole France, no existe el
progreso ni el diseño de un futuro mejor. Me suscribo.
Un abrazo.
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