Si te empujo, te muevo.
Si te apuñalo, te hiero.
Si te hablo duramente ¿te lastimo? Depende del poder que tú
me des a mi.
Si te sientes mal por mis palabras, eres tú quien me das
permiso para causarte ese dolor.
Que yo te llame “inculto”, “fracasado”o “egoista”, no te
convierte en tal. Ser inculto es mucho más que no saber responder a una
pregunta. Cometer un error no te convierte en fracasado; y que a veces, consideres que tienes derecho en ser el
primero en recibir, no te transforma en un ser egoista.
A veces, los demás también se equivocan en sus apreciaciones,
¿por qué va a ser más importante su opinión que la tuya?
A veces, un hecho o incluso varios, no te convierten en
alguien distinto. Puedes coger una borrachera y no ser un borracho.
A veces, los demás tratan de convencerte de que eres
inferior a ellos sólo para sentirse superiores a ti.
A veces, lanzamos palabras duras como respuesta a un ego
lastimado e incluso a un deseo de ajustar cuentas pendientes.
Y también a veces, esas palabras hirientes, están cargadas
de verdad, de información útil y valiosa en algún porcentaje, y te permitirá
ser mejor si te quedas con el fondo y no con la forma (difícil ¿verdad?)
A mayor confianza en ti mismo, más autoestima y paz
interior, mayor probabilidad de que seas una persona receptiva a las críticas,
que sepas relativizar las mismas y puedas aceptar aquello que crees te aporta
en tu desarrollo personal (rechazando con entereza aquello que no habla de ti
sino de quien las emite).
Abraza el error pues te permite aprender.
Abraza la duda, pues te hace reflexionar.
Abraza el dolor, puesto que te avisa de aquello que es
importante conservar para ti.
Si necesitas consuelo, acude a aquel que te quiere incondicionalmente
para que te consuele y te mime.
Y si eres tú , tu mejor amigo ¡qué suerte tienes! Lameras tus
heridas y proseguirás camino.

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