Entradas populares

lunes, 8 de septiembre de 2014

¿POR QUÉ NOS SACRIFICAMOS TANTO?



¿Será que nos da cierta satisfacción ser víctimas? Las víctimas no cometemos errores, los demás son culpables de nuestro sufrimiento, merecemos comprensión, cuidados y cariño.

¿Nos da miedo que dejen de querernos si entramos en conflicto? Quizás nos de miedo no encontrar motivos para querernos si no contamos con la aprobación de los demás, sería terrrible algo así. 

 ¿Es nuestro perfeccionismo tan agudizado que tememos equivocarnos con los demás y volcamos la exigencia hacia nosotros mismos? Queremos ser tan justos y a la vez nos sentimos tan inseguros de nuestros derechos y virtudes, que quizás temamos equivocarnos en nuestras decisiones. Si es así, nuestra seguridad radica en no hacer nada, no poner límites y aguantar con todo.

¿Sómos tan orgullosos que no querermos tener que agradecerle a nadie todo lo que conseguimos en la vida? A lo mejor no nos importa hacer favores a los demás, pero no entendemos que nos los hagan a nosotros, si podemos solos, ¿para qué molestar a nadie?

¿Esperamos en nuestro sacrificio una recompensa “divina”? Quizas si somos “buenos” y nos sacrificamos por todos algo bueno nos depare el destino y hasta la eternidad, por pura cuestión de reciprocidad.

Puede que hayas encontrado en alguna de estas respuestas alguna de tus razones o creencias para sacrificarte tanto en la vida. Pero bien sabes que sacrificarte tanto no te está permitiendo dejar de sentirte culpable, quererte más, sentir reciprocidad o justicia y ni tan siquiera estar orgulloso de ti mismo.

¿Por qué nos sacrificarmos tanto entonces? Quizás la respuesta sea más fácil y sencilla. No sabemos decir NO y además no querermos aprender, ¿por qué? Porque de nuevo nos convencemos por las razones anteriores, me agobio y prefiero seguir con la inercia del sacrificio. 



¿Hasta cuando? ¿Crees que sólo sufres tú?

Tus subordinados sufren porque no delegas y no les dejas aprender; tu familia se sacrifica contigo porque no pones límites a los demás (tus padres y hermanos, tu trabajo, tus amigos, tu expareja...); o tus hijos/as tienen que cargar con la responsabilidad de hacerte infeliz porque les sueles recordar todo lo que te “sacrificas” por ellos, aunque nunca te lo hayan pedido.

Decir no es técnicamente fácil. Primero dí NO, segundo EXPLICA EL POR QUÉ y tercero y último paso, ofrece una ALTERNATIVA o buscala en común, para que la respuesta a una necesidad no sea cargar tú con todo el peso y la responsabilidad de la solución.

Aprende a decir NO, es un derecho y una obligación moral. Decir NO es bueno para tu salud y organiza tus prioridades, es además una necesidad para el crecimiento de los que te rodean. La frustración proporciona fortaleza emocional y aumenta nuestra capacidad intelectual para buscar soluciones.

Por ti, por ellos, por todos…Aprende a decir NO, y date permiso para dejar de sacrificarte tanto. ¡A practicar!

No hay comentarios:

Publicar un comentario