¿Será que nos da cierta
satisfacción ser víctimas? Las víctimas no cometemos errores, los demás son
culpables de nuestro sufrimiento, merecemos comprensión, cuidados y cariño.
¿Nos da miedo que dejen
de querernos si entramos en conflicto? Quizás nos de miedo no encontrar
motivos para querernos si no contamos con la aprobación de los demás, sería
terrrible algo así.
¿Es nuestro perfeccionismo
tan agudizado que tememos equivocarnos con los demás y volcamos la exigencia
hacia nosotros mismos? Queremos ser tan justos y a la vez nos sentimos tan
inseguros de nuestros derechos y virtudes, que quizás temamos equivocarnos en
nuestras decisiones. Si es así, nuestra seguridad radica en no hacer nada, no
poner límites y aguantar con todo.
¿Sómos tan orgullosos
que no querermos tener que agradecerle a nadie todo lo que conseguimos en la
vida? A lo mejor no nos importa hacer favores a los demás, pero no
entendemos que nos los hagan a nosotros, si podemos solos, ¿para qué molestar a
nadie?
¿Esperamos en nuestro
sacrificio una recompensa “divina”? Quizas si somos “buenos” y nos sacrificamos
por todos algo bueno nos depare el destino y hasta la eternidad, por pura cuestión
de reciprocidad.
Puede que hayas encontrado en alguna de estas respuestas
alguna de tus razones o creencias para sacrificarte tanto en la vida. Pero bien
sabes que sacrificarte tanto no te está permitiendo dejar de sentirte culpable,
quererte más, sentir reciprocidad o justicia y ni tan siquiera estar orgulloso
de ti mismo.
¿Por qué nos
sacrificarmos tanto entonces? Quizás la respuesta sea más fácil y sencilla.
No sabemos decir NO y además no
querermos aprender, ¿por qué? Porque de nuevo nos convencemos por las
razones anteriores, me agobio y prefiero seguir con la inercia del sacrificio.
¿Hasta cuando? ¿Crees
que sólo sufres tú?
Tus subordinados sufren porque no delegas y no les dejas
aprender; tu familia se sacrifica contigo porque no pones límites a los demás
(tus padres y hermanos, tu trabajo, tus amigos, tu expareja...); o tus hijos/as
tienen que cargar con la responsabilidad de hacerte infeliz porque les sueles recordar
todo lo que te “sacrificas” por ellos, aunque nunca te lo hayan pedido.
Decir no es técnicamente fácil. Primero dí NO, segundo EXPLICA EL POR QUÉ y tercero y último paso,
ofrece una ALTERNATIVA o buscala en común, para que la respuesta a una
necesidad no sea cargar tú con todo el peso y la responsabilidad de la
solución.
Aprende a decir NO, es un derecho y una obligación moral. Decir NO es bueno para tu salud y organiza
tus prioridades, es además una necesidad para el crecimiento de los que te
rodean. La frustración proporciona
fortaleza emocional y aumenta nuestra capacidad intelectual para buscar soluciones.
Por ti, por ellos,
por todos…Aprende a decir NO, y date permiso para dejar de sacrificarte
tanto. ¡A practicar!

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