Con frecuencia encontramos a personas que manifiestan sentimientos de desesperanza u otros síntomas depresivos (falta de aseo, falta de voluntad, trastornos del sueño, de alimentación, episodios de llanto incontrolado, visión negativa de su pasado, presente y futuro, etc.).
En estos casos, lo más recomendable es acudir a un especialista de salud mental si se producen estos episodios con demasiada frecuencia. Probablemente esta persona no esté en condiciones de trabajar, y con cada “fracaso”, disminuyen sus probabilidades de éxito y con ello se perjudica cada vez más a sí mismo.
En realidad, la gravedad de los síntomas originados por la tristeza son una cuestión de grado. En principio, no hay por qué darle mayor importancia a los síntomas de una depresión que a los de una gripe, no son más peligrosos en sí mismos, son distintos. Si tuviera gripe tendría mucosidad, dolor de articulaciones, fiebre, tos, etc. Si tengo depresión tengo tristeza, apatía, falta de ilusión y confianza. Son síntomas igual. “Yo no soy un depresivo, tengo una depresión, por eso, porque la tengo y no porque soy, puedo dejar de tenerla”.
A la vez que un constipado puede complicarse y derivar en un problema grave de neumonía. Una depresión puede complicarse y derivar en impulsos suicidas. Un especialista es el que debe prevenir y poner límites al avance de la enfermedad.
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EMOCIÓN PALANCA: ÁNIMO
Ante sentimientos de tristeza, lo mejor es hacer actividades que en el pasado resultaron satisfactorias, rodearse de gente animada y hacer actividades que nos suban el ánimo (música, películas ó libros graciosos). Y voluntariamente obligarse a ser positivo (ver el lado bueno de todas las cosas y apoyarnos en lo que sí funciona).
Cuidarnos de forma integral: hacer deporte aeróbico (correr, andar, nadar), cuidar nuestro aseo y alimentación diaria.
Plantearnos metas a corto plazo orientadas al trabajo, a lo que depende de ti, y no a los resultados. Ponernos pequeñas obligaciones y cumplirlas (ej.: regar una planta, levantarme a una hora, subir las escaleras en lugar de coger el ascensor, leer una página de un libro, hacer una llamada al día a un potencial cliente, etc. ), nos permitirá sentir el deber cumplido y nos reconfortará.
Premiarnos y felicitarnos por cada pequeño avance, por cada pequeño esfuerzo cotidiano.
Destacar más nuestros éxitos que nuestros fracasos tanto personales como laborales. Apoyarme en lo que sí funciona o hago bien. La autocrítica destructiva, como por ejemplo: “soy un desastre” o “nunca llegaré a nada”, debe estar prohibida para mí.
Reconocer de forma inequívoca mi aportación al bienestar de los demás o a los logros de otras personas por básico y poco importante que parezca a simple vista (“si estoy callado le doy la oportunidad a otro de que hable”, “si pido consejo, reconozco en el otro su sabiduría y le hago sentirse bien”, “si he visitado a un cliente aun sin resultado de compra, he dado a conocer mi empresa”)
Elige hacer las cosas y no te obligues o sacrifiques por las circunstancias. Sustituye el “tengo que…” por el “deseo o elijo hacer…”. Elijo limpiar el baño antes que correr el riesgo de coger una infección o soportar el mal olor”, “elijo probar una profesión nueva antes que lamentar mi situación llorando en casa”, “elijo buscar referencias antes que esperar pacientemente a que alguna persona me llame por teléfono”, “elijo propiciar un cambio antes que seguir con lo que tengo hasta ahora, que no me satisface”.
Sé agradecido con lo que la vida y tu trabajo te ofrece, siente tus privilegios “la empresa me da la oportunidad de…”, “el cliente me da la oportunidad de…”, las financieras me dan la oportunidad de…”, “mi cuerpo me da la oportunidad de…”. Si eres agradecido te sientes en paz con el mundo.
Pide lo que te haga falta, directamente y con absoluta confianza en que en el pedir está el recibir. “Que me cojan el teléfono”, “que les guste” “que me salga bien la presentación” “que haga buen tiempo”, “que lo pase bien” “que acierte en mi decisión”, etc. ¿A quién pido? A quien tú quieras, a la vida, al destino o al mismo Dios o a un familiar fallecido si eres creyente.
Aprende a disfrutar de todo lo que te encuentres a tu alcance, una puesta de sol, el olor al café recién molido, una sonrisa o un gracias de un desconocido, un vaso de agua cuando tengo sed, una silla cuando estoy cansado, una manta cuando tengo frío, un premio cuando lo he ganado, … y acostúmbrate a dar las gracias por ello.
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