Las vacaciones nos permiten:
- Flexibilizar los horarios.
- Darnos pequeños caprichos.
- Recuperar hobbies.
- Relacionarnos más con otras personas.
- Descubrir nuestra piel y aumentar el contacto con ella.
- Conocer sitios nuevos.
- Vaguear y ocupar el tiempo con tareas improductivas.
- Poner al día tareas pendientes.
- Reflexionar sobre el ritmo que llevamos durante el año.
Las vacaciones son tan deseadas que solemos planear anticipadamente qué hacer con ellas, así por ejemplo decidimos: "¡Cuándo lleguen las vacaciones pienso hacer...! (deporte, actividades de ocio, etc.)- Y de nuevo, al acabar las mismas, nos hacemos planteamientos de mejora: ¿A partir de septiembre ...! (comenzaré un curso, mandaré CV, haré dieta, etc.)
Las vacaciones suponen un tiempo "para nosotros", para nuestro descanso y disfrute, aunque en ocasiones, el cambio de rutinas y la dificultad para desconectar nos impiden aprovecharlas al máximo.
¿Nunca te has sorprendido de mal humor, nervioso o irritable en tus primeros días de descanso?
Somos animales de costumbres y los cambios en general resultan estresantes, máxime si no tenemos suficientes recursos para adaptarnos a ellos. Por ejemplo:
- Convivimos distintas familias en un pequeño apartamento para reducir gastos.
- Visitamos otros países y nos autoimponemos recorrerlo en pocos días cambiando: idiomas, comidas, horarios, etc.
- Nos aburrimos con tanto tiempo libre, porque no somos capaces de crear con imaginación y voluntad momentos de ocio y aventura.
Sé de personas que incluso están deseando que llegue septiembre para que los niños vuelvan al colegio y ellos a sus trabajos, que es lo que verdaderamente les motiva y les hace felices.
Mi reflexión hoy es: ¿Por qué nos cuesta tanto adaptarnos y después abandonar las vacaciones? Quizás la respuesta se halle en nuestro desequilibrio de vida, donde pasamos del todo al nada y a la inversa.
¿Has pensado por qué tu vida es así? Quizás:
- Falta de voluntad. Terminas abandonando tus planes de aprendizaje o deporte por falta de compromiso. Busca una academia, un gimnasio o simplemente un grupo de amigos que "tiren de ti".
- Cansancio físico. Cuida tu alimentación, tus horas de sueño, tu hidratación,... para rendir más y dar lo mejor de ti.
- Falta de ilusión. Plantéate objetivos nuevos, ponles fecha y recuérdalos a menudo escribiéndolos en tu espejo, en tu agenda o en un imán en la nevera (si lo acompañas de una imagen que haga alusión al objetivo mejor).
- Preocupación excesiva. Ocúpate de una vez y pon solución a lo que te "come por dentro".
- Rigidez mental. ¿Quién dijo que los sábados toca compra de la semana y los domingos por la tarde descanso? Reinvéntate, plantéate nuevas rutinas . Déjate sorprender y deja un espacio para la aventura. Todos los días son perfectos para que te suceda algo inolvidable.
¡Felices vacaciones!

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